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Después de un largo tiempo deseando la adop­ción, el encuentro y el conocimiento del niño o niña y los futuros padres adoptivos es un momento emocio­nalmente muy fuerte para todos, cargado de alegría pero también de ansiedad y temor.

¿Cómo será el niño? ¿Cómo reaccionará al vernos? ¿Llorará al venirse con nosotros? ¿Lo haremos bien?. Son algunas de las preguntas que se hacen los futuros pa­dres. También el niño o niña, en función de la edad puede, anticipar preguntas tales como ¿Cómo serán ellos?, ¿A dónde me llevaran?, ¿Y mis amigos, ya no les veré?.

A partir del primer encuentro entre el niño y su nueva familia, se inicia una fase de acoplamiento que comienza en el propio país del niño y continúa en el país receptor.  ¿Son normales las reacciones del niño? ¿Por qué se comporta de esta forma? ¿Qué debemos hacer?, son algunas de las preguntas que se hacen los padres en los primeros momentos. Para responder a ellas puede ayudar intentar comprender lo que supone para el niño o niña la adopción por una familia de otro país.

Cuando el niño llega a su nueva familia tiene una gran ambivalencia y confusión de sentimientos a causa del cambio tan grande que se produce en su vida: nueva familia, otro país, distintas costumbres, tal vez diferente idioma, otras formas de relacionarse con adultos y niños, nueva escuela o guardería en su caso, etc. Esta confusión puede manifestarse de muy diversas maneras: llanto sin causa aparente, rechazo de las manifestaciones de afecto, frialdad, agresividad, hiperactividad. Al padre/madre adoptivo le será útil reflexionar sobre los enormes cambios que el niño ha tenido y tiene que vivir, pensar cómo puede sentirse y recor­dar que está confuso y necesita tiempo para acostumbrarse a tantas experiencias nuevas por lo que no conviene forzar conductas en un intento de acelerar la normal adaptación.

Algunos datos sobre la evolución y adaptación de los niños adoptados

Algunos estudios ponen de manifiesto que en un porcentaje elevado de casos las adopciones evolucionan favorablemente. Sin embargo también indican que en cierta medida, algunas familias, en función de las dificultades que se presentan, precisan recurrir al asesoramiento de profesionales por un período más o menos largo de tiempo. En general, tras una fase inicial en la que pueden presentarse problemas de salud, lingüísticos y/o de conducta, en un porcentaje elevado de casos las dificultades disminuyen o desaparecen adaptándose bien el niño a la familia y la escuela.

De las diferentes etapas evolutivas, la adolescen­cia, una etapa difícil, una edad llena de cambios y conflictos para todos los jóvenes, se presenta para los chicos adoptados con dificultades añadidas. En un momento de la vida en la que el joven se pregunta ¿Quién soy yo?, ¿Quién quiero ser?, la experiencia precoz de abandono de los padres biológicos, el desconocimiento en cuanto a sus orígenes (quiénes fueron sus padres) y, en el supuesto de que pertenezca a otro grupo étnico, el tener que hacer frente a actitudes y conductas discriminatorias procedentes de su entorno actual, hacen que las cosas sean más difíciles y esta etapa revista unas características especiales.

Estas y otras cuestiones suponen la necesidad de que los padres adoptivos estén abiertos a solicitar cualquier tipo de información y a pedir ayuda  con el objetivo de adquirir aquellos conocimientos que puedan facilitar el manejo de las dificultades a las que se enfrentan o se van a enfrentar a lo largo del proceso de adaptación del menor.

Pero éstas no son las únicas dificultades que van a tener que superar, ya que desde el mismo momento en que surge la idea y el deseo de la adopción no es extraño que se atraviesen diversos periodos caracterizados por las dudas y la inseguridad. Estos son también momentos que los padres adoptivos van a tener que afrontar desde la responsabilidad y la reflexión, de forma que su proyecto de adopción forme parte de una decisión madura y dónde las posibilidades de que resulte exitoso sean elevadas.