Áreas de Tratamiento>Infancia y adolescencia
El hecho de dividir los trastornos o los problemas que presentan nuestros pacientes en trastornos infantiles y adultos es, en todos los sentidos, una cuestión de conveniencia. Básicamente la mayor parte de los trastornos en adultos son susceptibles de presentarse también en niños y adolescentes: miedos, depresión, ansiedad, etc.. Incluso muchos problemas adultos tienen su origen en la infancia y la adolescencia. No obstante, en esta comunicación nos referiremos sobre todo a problemas que cursan en los primeros años de la vida de una persona.
Los trastornos del aprendizaje son problemas característicos de niños que no muestran un rendimiento académico adecuado para su edad y nivel de inteligencia, problemas no atribuibles a la propia enseñanza. Actualmente, las madres y padres de estos niños, sensibilizados, acuden rápidamente al psicólogo cuando detectan en sus progenitores este tipo de retraso escolar; en ocasiones, son los propios profesionales del centro educativo quienes se encargan de trabajar específicamente en la recuperación de estos niños. Es importante que tan pronto se detecten estos déficits los niños sean derivados inmediatamente al profesional, ya que cualquier retraso o merma en su escolaridad se traducirán en dificultades educativas futuras.
Los trastornos de las habilidades motoras también son objeto de atención por parte de los profesionales que están a cargo de niños pequeños. Se caracteriza por una coordinación psicomotora que se sitúa sustancialmente por debajo de lo que cabe esperarse en el niño. En estos casos los niños son sometidos a programas específicos de estimulación temprana.
Los trastornos de la comunicación y del lenguaje son problemas importantes que se detectan rápidamente en el medio escolar por parte de los profesores. Estas deficiencias del habla o del lenguaje deben ser tratados por psicólogos especializados en esta área para recuperar un estadio comunicacional normal en el niño.
Los trastornos generalizados del desarrollo se caracterizan por déficits graves y alteraciones generalizadas en múltiples áreas del desarrollo. Se incluyen alteraciones de la interacción social, anomalías de la comunicación y la presencia de comportamientos, intereses y actividades estereotipados. Algunos de estos trastornos son considerados graves (el autismo, trastorno de Asperger, trastorno desintegrativo infantil, etc.). El psicólogo o el psiquiatra infantil, tras la correspondiente evaluación, informará a los padres sobre un diagnóstico preciso del problema del niño.
El trastorno de déficit de atención y comportamiento perturbador (hiperactividad) se caracteriza por síntomas manifiestos de desatención y de impulsividad-hiperactividad. Nos referimos a esos niños que son incapaces de permanecer sentados en sus asientos, que perturban constantemente el trabajo en clase, que no cesan de moverse, que muestran incapacidad para mantener centrada la atención y la concentración en determinadas actividades, etc. Las características de este trastorno son variables y presenta muchas diferencias (entre los distintos niños que lo padecen), por lo que de cara al tratamiento es recomendable una muy buena evaluación del problema.
Los trastornos de alimentación son extraordinariamente importantes en el mundo del niño y del adolescente. Los más graves y conocidos son la anorexia y la bulimia nervios (tratados en otro apartado), pero también existen otros menos conocidos: ingesta continuada de alimentos no nutritivos, regurgitación y masticación repetidas de alimentos y otros problemas alimentarios.
Los trastornos de tics suelen tener su inicio en la infancia. Pueden tratarse de tics motores y/o vocales. Es importante una buena valoración del problema, ya que en este apartado pueden detectarse trastornos simples y transitorios, o bien trastornos de carácter más grave y crónicos como el de la Tourette.
Trastornos de eliminación: encopresis y enuresis. La encopresis se define como la deposición repetida de heces en lugares inadecuados y la enuresis como la emisión repetida de orina también en lugares inadecuados. El problema más extendido en esta área es la enuresis nocturna (el niño que se hace pis en la cama). Actualmente para el tratamiento de estos problemas existen programas específicos (p.e. entrenamiento en cama seca, entrenamiento en control de la micción, etc.) e incluso dispositivos de alarma (pipi-stop) muy útiles en este trastorno.
Otros trastornos de la infancia, la niñez o la adolescencia. Este grupo se dedica a trastornos no incluidos en los anteriormente citados. El trastorno de ansiedad por separación se caracteriza por una ansiedad excesiva e inadecuada desde el punto de vista evolutivo concerniente a la separación respecto del hogar o de las personas con quienes el niño está vinculado. El mutismo selectivo se caracteriza por una persistente incapacidad para hablar en situaciones sociales específicas a pesar de que el niño hable en otras situaciones. El trastorno reactivo de la vinculación de la infancia o la niñez se caracteriza por una relación social manifiestamente alterada e inadecuada evolutivamente, que se produce en la mayor parte de los contextos y se asocia a una crianza claramente patógena. El trastorno de movimientos estereotipados se caracteriza por un comportamiento motor repetitivo, aparentemente impulsivo, y no funcional, que interfiere marcadamente las actividades normales y, a veces, puede dar lugar a lesiones corporales.
Aparte de los problemas mencionados, relacionados especialmente con la infancia, no conviene olvidar que la adolescencia es una etapa fundamental dentro del proceso de construcción de la personalidad y el tránsito hacia la edad adulta. En esta etapa sensible de la vida es característica de problemas psicosociales en algunos jóvenes, en conflicto con su propia familia, con el medio escolar y con la sociedad en general; problemas asimilados con los de los adultos: trastornos adaptativos, ansiedad, depresión, déficit de habilidades sociales, etc. En estos años de transición el adolescente se topa con sistemas de relaciones y modelos sociales y culturales nuevos. Por ello para unos y para otros es indispensable conocer mejor, en sus diversas dimensiones las características y naturaleza del proceso en esta etapa vital y encarar de la mejor manera posible los problemas que pudiesen presentarse con ayuda de profesionales.
ENFOQUE DE TRATAMIENTO PSICOLÓGICO
Además del tratamiento específico a realizar dependiendo de los problemas detectados (apuntado en otros apartados) nos parece interesante indicar aquí el recurso a procedimientos derivados de la psicología del aprendizaje, orientado a la eliminación o disminución de las conductas inadecuadas, especialmente en conductas de desobediencia infantil (no mencionadas explícitamente en este artículo, pero sí objeto de múltiples consultas a psicólogos por parte de padres preocupados) y de comportamiento perturbador y el establecimiento de conductas apropiadas.
En este sentido, entre el arsenal de procedimientos del psicólogo se hallan los sistemas de reforzamiento (sistemas de fichas) centrados en premiar las conductas positivas del niño, otros sistemas de refuerzo (de conductas alternativas a la inapropiada), procedimientos de carácter "aversivo" que conllevan la realización de conductas de reposición (como recoger o limpiar lo que ha desordenado o manchado un niño) o bien es invitado a permanecer unos minutos en una habitación desprovista de juegos (tiempo-fuera) por haberse comportado mal.
Además de este enfoque conductual de tratamiento no conviene olvidar los abordajes más ambientales, cognitivos y sociales siempre necesarios en problemas de conducta complejos.